Consumo Consciente y Responsable del Azúcar

En Colombia, al igual que en otros países del mundo, se viene presentando una tendencia cada vez mayor a la divulgación de información acerca de seguridad alimentaria, el rotulado y el etiquetado de los productos alimenticios; esta es promovida principalmente por los gobiernos nacionales en búsqueda de un consumo responsable y consciente por parte del consumidor final, que cada vez puede de formas más ágiles esclarecer el detalle de lo que ingiere, entendiendo sus posibles consecuencias.

Paralela a esta realidad del mercado, la necesidad de diferenciación de las industrias de alimentos en un mercado sobre ofertado, las ha llevado a incursionar en un mundo de marketing sensorial, que busca encaminar al cliente hacia un sinnúmero de experiencias por medio de la interacción de los sentidos. Aunque cada uno de estos se podría convertir en un diferenciador de mercado, dos de ellos: el sabor y el olfato, traen consigo un gran poder de recordación al tener una mayor posibilidad de evocar recuerdos y sensaciones, que posteriormente se pueden ver reflejados en hábitos de consumo, fidelización de los clientes y posicionamiento de la marca.
La sacarosa o azúcar de caña (o remolacha) dentro de los edulcorantes, por sus características intrínsecas, más que un endulzante se considera un alimento, pues no solo impacta dos de los sentidos más importantes al momento de crear una experiencia al consumidor, como es el caso del sabor y el olfato, sino que por estar dentro de los grupos de carbohidratos, se convierten en una de las fuentes principales de obtención de energía del cuerpo humano. El azúcar o sacarosa se encuentra presente en un amplio porcentaje de alimentos de consumo diario, en algunos casos de forma natural principalmente en frutas, verduras, cereales y en otros casos, adicionado, buscando potencializar el sabor y aroma de los alimentos y bebidas o mejorando sus características funcionales como viscosidad, cuerpo, color y textura del producto final.
Por lo anterior, si se quisiera sustituir el azúcar por aditivos artificiales en la elaboración de productos alimenticios con alto reconocimiento en el mercado, además de correrse el riesgo de perder características sensoriales posicionadas dependiendo del tipo de edulcorante, se podrían presentar problemas colaterales de salud en los consumidores finales a mediano y largo plazo como consecuencia de acumulación de sustancias residuales provenientes de los diferentes procesos productivos.
La mitificación que ha sufrido el azúcar en los últimos años, por parte de consumidores, organizaciones y empresas de productos sustitutos del azúcar que rechazan el consumo de este alimento, se ha encargado de mostrar este aditivo ante la opinión pública como un enemigo al cual se culpa de múltiples males; muchos de estos sin soporte científico, como es el caso de alergias, pérdida de memoria, cataratas, depresión, entre otras. Aunque la sacarosa se relaciona directamente con problemas de obesidad, diabetes, problemas cardíacos, entre otros, no es este carbohidrato como tal el culpable de dichos problemas, sino el exceso en la ingesta de los mismos en un periodo de tiempo determinado.

Expertos en temas de salud y nutricionistas, estiman que una persona sana debería consumir entre 2000-2200 calorías/día, de las cuales el 60% se tendría que obtener por medio de carbohidratos, y de estos, un 10% en azucares. Por lo anterior, aunque se tiene estimado un consumo mínimo de sacarosa de 7 cucharadas/día, la absorción de este carbohidrato en el cuerpo humano podría depender o potencializarse con factores tales como la tipología de la persona, sexo, exigencia física, genética, estado de salud, entre otras. Así pues, lo que para una persona sedentaria se consideraría como un consumo alto de azúcar, para un adolescente en crecimiento o un deportista, como es el caso de un atleta, se podría entender como un déficit energético.
Así como el azúcar se relaciona con múltiples problemas de salud, existen razones menos divulgadas por las cuales se debería conservar este alimento dentro de una dieta sana y balanceada, en las que se destaca el efecto de la sacarosa en el rendimiento mental y cognitivo como combustible del cerebro, al metabolizarse de mejor forma que otros carbohidratos, incentivando la memoria, la atención y el aprendizaje y la importancia de los azucares como fuente de calorías en deportistas como reserva calórica necesaria para evitar estados de fatiga dentro actividades cotidianas.
Por todo lo anterior, cobran gran importancia las iniciativas del gobierno hacia el adecuado rotulado de los productos y uso previsto, con respecto al contenido nutricional de cada ingrediente por porción, de tal forma que los consumidores puedan estar conscientes de sus limitaciones y necesidades energéticas, pudiendo así consumir las cantidades óptimas de este importante alimento.